La literatura al respecto es escasa aunque autores como Krogius, N. (1972) o Rowson, J.(2000, 2005) han realizado grandes aportes sobre la psicología del jugador de ajedrez. La experiencia que desarrollo a continuación va en esta línea y pretende dar una visión muy personal acerca de cómo la psicología puede ayudar a un jugador de ajedrez. No obstante, lejos de pretender elaborar una metodología concreta o estructurar la aplicación de técnicas psicológicas en el ámbito del ajedrez, la intención es mostrar algunas claves para trabajar y entrenar con ajedrecistas en su afán por lograr un mayor rendimiento en competición.

Para comenzar, vamos a dividir lo que hemos denominado partida psicológica en tres fases (apertura, estratégica-táctica y de consumación) y vamos a profundizar en cada una de ellas tratando de delimitar qué características tienen y cómo podemos preparar al ajedrecista en cada una de ellas.

FASE DE APERTURA

Una partida comienza mucho tiempo antes al de realizar la primera jugada. La fase de apertura comenzaría precisamente cuando se conoce el rival al que se va a enfrentar el deportista y se alarga hasta que el ajedrecista plantea, ya frente al rival, las primeras jugadas. Las tareas importantes que el ajedrecista, junto con el entrenador, deben realizar serían las siguientes:

a) Estudio del rival. La primera tarea a realizar será observar y estudiar cómo juega el rival: cuáles son los planteamientos que prefiere, en qué posiciones se mueve mejor, dónde se siente cómodo, qué tipo de constelación de piezas suele dominar, etc. Cuanto más detallado sea este estudio tanto mejor será la preparación del deportista pues contará con una información muy valiosa que podrá emplear durante la partida.

b) Estudio personal. Esta segunda tarea tiene que ver con el estilo del ajedrecista en cuestión. Lo importante aquí no es solo atender al estilo (que es algo que ya se debe saber), si no cómo ese estilo ofrece problemas al rival. Puede ocurrir que ese estilo sea ya, de entrada,incómodo para el rival (por ejemplo, un jugador muy técnico y que su repertorio está construido para llegar a este tipo de posiciones frente a un rival que busca las complicaciones y la táctica) o, por el contrario, que ese estilo no funcione convenientemente frente al rival (tomando el ejemplo anterior, podría ocurrir que el rival fuera muy fuerte en posiciones técnicas pero flojo en la táctica. Habría que plantear si modificando el estilo se podrían obtener mejores posibilidades de victoria).

c) Elección de variantes. Y dentro de esta subfase, lo que se hará será elegir y estudiar qué jugadas concretas se van a emplear en cada momento dependiendo de cómo avance la partida. Esta elección está totalmente condicionada por el trabajo realizada en las subfases anteriores.

Sorpresa e incertidumbre

Hasta aquí todo está claro y sigue una línea lógica, sin sobresaltos. Se estudia al rival, se ve si el estilo personal es adecuado o no a su estilo y se eligen las variantes convenientes. ¿Qué problema puede haber? Precisamente, que el rival hará lo mismo. Seguirá los mismos pasos e intentará poner los máximos problemas durante la partida. Y aquí es donde puede aparecer la sorpresa y, sobre todo, la incertidumbre. Es muy común que uno de los jugadores se vea sorprendido por una jugada con la que no contaba en la preparación. Si pasa esto, es vital que el ajedrecista sepa cómo afrontar este momento de incertidumbre que está más relacionado con la fortaleza mental que con la técnica en la mayoría de los casos. Esta afirmación quizá resulte muy parcial pero ocurre en muchas ocasiones que el ajedrecista no sabe cómo hacer frente a ese momento y, por ejemplo, comienza a presionarse para “refutar” la jugada desconocida que le acaba de jugar el rival o comienza a mostrar desconfianza en su propio juego ya que piensa que el rival se ha preparado mejor, etc. Para afrontar estos momentos y que sus consencuencias no afecten a la partida, utilizo la técnica de la visualización.

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