Entrevista realizada por Jorge Benítez en 2015 para el blog El  rey ahogado.

Siento desde hace mucho tiempo una peculiar fascinación por la psicología. Uno de los libros que más he releído es ‘La historia secreta del psicoanálisis’ –que creo descatalogado y que inspiró la película ‘Un método peligroso’–, y reconozco que tengo por esta disciplina más curiosidad que conocimiento. Es un amor al que uno le es infiel porque se trata de un interés que a veces provoca decepción: a medida que lees más, descubres que no tienes ni puta idea. Esta falta de certeza se contradice con una cantidad fabulosa de teorías y de escuelas que suenan a equipos que juegan la Europa League. Con la limitación que provoca mi poco conocimiento de aficionado, encuentras en los libros a gente brillantísima y también a vendedores de crecepelo en una caravana del Oeste. Algo parecido nos ha sucedido con la economía -tan de moda estos años-, escuchamos a tantos gurús que ejercen de profetas mediáticos que cuando se columpian y la realidad esquiva sus previsiones optimistas o apocalípticas te quedas con cara de tonto. Y encima se exculpan diciendo eso de que “esto es una ciencia social y no exacta”. Y ancha es Castilla. Pero eso es otra cosa.

Hace tres años estaba en Buenos Aires y quedé con una encantadora periodista. No nos conocíamos, tan sólo teníamos una amiga común. A los 15 minutos del encuentro en una cafetería me preguntó si me había psicoanalizado. Me sorprendió mucho la pregunta. Le dije que no, aunque era algo que me generaba mucha curiosidad. Impresionaba tal grado de intimidad. Ella sí había tenido esa experiencia, como casi toda la clase media bonarerense. Lo cachondo es que estábamos relativamente cerca de un barrio conocido como Villa Freud, sobrenombre supongo que debido a que está habitado por muchos psicoanalistas.

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