En 2012, en The Spanish Journal of Psychology, ve la luz el artículo de investigación “The benefits for the intellectual and social-emotional enrichment in schoolchildren” (Los benefi cios de la práctica del ajedrez en el enriquecimiento intelectual y sociafectivo en escolares). Los resultados son muy interesantes: por un lado, los “datos muestran una mejora en las competencias cognitivas en el grupo que practicaba ajedrez”. Por otro, “el análisis de los datos mostró cómo ciertas variables socioafectivas muestran una mejora signifi cativa para el grupo de ajedrez”. Y, siguiendo con los datos mostrados en el artículo, dice “El profesorado percibe al alumno [de ajedrez] como más satisfecho con la escuela y el profesor, con un mayor grado de estudio, una mayor satisfacción consigo mismo, una mayor confi anza y seguridad y, fi nalmente, con una mayor capacidad de afrontamiento y resolución de problemas.” No es el objetivo del presente artículo realizar un exhaustivo análisis sobre los datos arrojados en este artículo, aunque sí recomiendo encarecidamente la lectura del mismo, pues es el primero que de una manera clara relaciona la práctica del ajedrez con el campo de la inteligencia emocional.

El concepto de Inteligencia Emocional. Hoy en día es muy común hablar sobre inteligencia emocional y este concepto está instalado en nuestro lenguaje cotidiano. Pero, ¿de dónde procede este concepto? Los primeros investigadores que hacen referencia a él son Peter Salovey y John Mayer, en su artículo “Emotional Intelligence. Imagination, Cognition and Personality”, en 1990. Posteriormente, en 1996, este concepto recibiría un auge exponencial tras la publicación del libro “Emotional Intelligence” (Inteligencia emocional), de Daniel Goleman. La inteligencia emocional pasaba a convertirse en un campo muy atractivo de investigación en el mundo de la Psicología. Desde entonces, muchos han sido los estudios realizados y se han propuesto varios modelos teóricos que tratan de explicar las dimensiones y la importancia de este concepto. Pero, ¿qué es la inteligencia emocional? Salovey y Mayer la definen como “la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual ” (Mayer y Salovey, 1990).

Aunque hay otras definiciones importantes (Daniel Goleman, 1996 o Bar-On, 1997), creo que esta es muy amplia y nos da una imagen general sobre el concepto.

Entre las habilidades que los autores proponen, y que han ido perfeccionando a lo largo de los años, encontramos:

  1. Percepción emocional.
  2. Facilitación emocional del pensamiento.
  3. Comprensión emocional.
  4. Dirección emocional.
  5. Regulación reflexiva de las emociones para promover el crecimiento emocional. A modo de resumen podríamos decir que este modelo expone la inteligencia emocional como la habilidad para identificar las emociones propias y las de los demás, relacionarlas con las sensaciones para facilitar su expresión, comprender qué se siente y tomar conciencia y poder reflexionar sobre este proceso.

LEE EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ