“La peor forma de perder es cuando conoces la línea hasta las tablas pero no la recuerdas y pierdes inmediatamente.”

En la ronda jugada esta tarde en el fuerte torneo de Zúrich,  Sergey Karjakin ha perdido con Hikaru Nakamura después de no recordar una variante que le llevaba a la igualdad.

A todos los ajedrecistas, en algún momento, se les ha olvidado una variante que tenían analizada y que, llegado el momento de ponerla en práctica, no la han recordado o han confundido las jugadas. Es una situación relativamente usual en el mundo del ajedrez. Pero, ¿qué puede haber detrás de estos olvidos? ¿Lo dejamos en un simple olvido o, por el contrario, podemos extraer algunas sugerencias de estos para entrenar y fortalecer nuestro ajedrez?

Hoy en día, debido a los programas informáticos y a la cantidad de horas que se le dedican al estudio de la apertura, la cantidad de información a recordar es extremadamente alta. Hay variantes que pueden llegar a la jugada 30 o más allá y, el principal problema, es su recuerdo sobre el tablero. Sobre todo, si estas variantes son complejas y se han analizado hace algún tiempo.

Sin pretender profundizar excesivamente en el tema, sí que me gustaría citar un estudio clásico que se estudia en todas las facultades de psicología y que dio pie a lo que posteriormente se conoció con el nombre de curva del olvido. Según el estudio llevado a cabo por Hermann Ebbinghaus, la tasa de olvido no es lineal: se olvida rápidamente al principio y después, lentamente.

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