Es habitual leer o escuchar opiniones acerca de lo negativo y doloroso para la imagen del ajedrez que son las tablas. Principalmente, las tablas rápidas (aquellas que se realizan tras haber realizado unas cuantas jugadas). Aficionados y expertos en ajedrez, debaten sobre el mal que este hecho representa para la promoción y difusión del mismo. Pero, ¿hasta qué punto es esto cierto? ¿Realmente estos resultados perjudican tanto al ajedrez?

En el presente artículo me gustaría reflexionar sobre este fenómeno tan extendido en el mundo ajedrecístico y que, de una manera u otra, genera tantas controversias y debates. No pretendo, ni mucho menos, dar un veredicto final sobre el tema. Mi única motivación es abrir un espacio de debate y reflexión, prestando atención a los principales elementos que influyen en tales decisiones.

Entrando en materia

Posicionarse a favor o en contra de las tablas sin más, bajo mi punto de vista, muestra una ignorancia supina sobre el ajedrez de competición. Las tablas es un resultado más que forma parte de esta modalidad deportiva. Aunque esto resulta ser una obviedad, parece que en muchas ocasiones esto se pasa por alto o no se le presta la debida atención. Una partida de ajedrez es extremadamente compleja e intervienen multitud de factores, tanto internos (el estado anímico del jugador, sus sensaciones en el torneo, su preparación, etc.) como externos (la posición en el torneo, sus objetivos, el rival, etc.). Estos, y otros muchos elementos, influyen, de una u otra manera, en la partida que va a comenzar. Pero, ¿qué razones pueden llevar a un jugador a firmar tablas? Vayamos por partes.

Para no extenderme excesivamente, a pesar de que este hecho simplifique el razonamiento, haré una pequeña diferenciación: las tablas competitivas y las tablas rápidas. No resulta fácil realizar una diferencia clara entre estos dos términos. Si, por ejemplo, hacemos referencia a la lucha, se podría argumentar que cuando nos referimos a las tablas competitivas estas son aquellas que se firman después de que los rivales hayan peleado durante buena parte de la partida para intentar desnivelar el juego. En cambio, en las tablas rápidas, no habría tal lucha y los rivales habrían realizado algunos movimientos y firmado rápidamente las tablas. Esta visión, no obstante, presenta unas deficiencias importantes. Por ejemplo, una partida ha durado 40 jugadas y un par de horas o más de tiempo. Esto nos haría pensar que aquí los jugadores han luchado por conseguir el punto. Pero, podría pasar, que ambos jugadores se hayan metido en una línea que ya traen analizada (las preparaciones de los últimos años son muy precisas y requieren, como comentamos en otro artículo, una importante habilidad memorística) y donde simplemente han empleado el tiempo en recordar cuáles eran las jugadas correctas para no quedar inferior, llegando a las tablas tras el juego correcto de los dos. Hay multitud de ejemplos en este sentido. También podría ocurrir lo contrario, que dos rivales decidan firmar las tablas relativamente pronto, pongamos tras 15 jugadas y apenas una hora de reloj, porque se han visto sorprendidos en la apertura y, aunque han intentado desnivelar el juego, no se sentían cómodos en la posición. Esto solo son dos ejemplos que suceden en la práctica y me pregunto, ¿en qué partida se ha luchado “más”? Lo mismo podría suceder si utilizáramos como referencia para delimitar estos términos el tiempo. De una u otra manera, perdemos una parte importante de la esencia de la partida.

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